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sábado, 10 de septiembre de 2016

La Búsqueda de la Verdad, de W. V. Quine

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Extractos del libro
La Búsqueda de la Verdad

- Parte 1 - Parte 2 -

Una creatividad colectiva cuyos resultados se han ido acumulando generación tras generación nos ha permitido idear, a partir de los impactos que reciben nuestras superficies sensibles, una teoría sistemática del mundo externo. Nuestro sistema del mundo se muestra eficaz en la predicción de nuevos estímulos. ¿Cómo lo hemos conseguido?

"La muerte de Sócrates", por Jacques-Louis David, 1787. Wikipedia.
Evidencia. Estimulación y Predicción

La neurología nos aporta nueva y sorprendente información sobre el proceso que va de la estimulación a la percepción. La psicología y, en particular, la psicolingüística tienen algo que decir sobre e paso de la percepción a expectativa, a la generalización y  a la sistematización. La genética evolucionista ilumina complementariamente estas mismas cuestiones, al dar cuenta de los patrones de semejanza que subyacen a nuestras generalizaciones y, por tanto, a nuestras expectativas. La heurística científica es iluminada también, de manera anecdótica, por la historia de la ciencia.

En medio de la complejísima maraña de relaciones que une nuestra estimulación sensible y nuestra teoría científica del mundo hay un segmento que, afortunadamente, podemos tratar por separado y esclarecer sin necesidad de practicar la neurología, la psicología, la  psicolingüística, la genética o la historia. Me refiero a la relación de respaldo evidencia, en la cual nos servimos de la predicción para comprobar la teoría; pues es posible describir someramente sus elementos principales recurriendo a poco más que al análisis lógico.

Es habitual decir que la observación es la fuente de la evidencia científica, y que predecimos observaciones. La noción de observación, sin embargo, no se deja analizar fácilmente. Se ha buscado clarificarla mediante el recurso a objetos y a sucesos observables, pero un abismo se abre entre éstos y la activación de nuestros receptores sensoriales que es todo lo que mundo externo nos hace llegar sin intermediarios. Buscando un atajo por entre todas estas complicaciones, me he atenido a la activación o estimulación misma; por eso hablo, de forma quizás un tanto extraña, de la predicción de estímulos. Los estímulos que un sujeto experimenta en un momento dado no son otra cosas, para mi, que el conjunto temporalmente ordenado de todos aquellos receptores sensoriales suyos que son activados en eses momento.

La noción técnica de observación es, pues, abandonada. Y si la observación es evidencia, también lo es esta última. Podemos ocuparnos de la cuestión de la evidencia científica sin la ayuda del término técnico 'evidencia'. En vez de eso, nos podemos arreglar con la noción de oraciones observacionales.

Oraciones Observacionales

Nos hemos propuesto estudiar en qué consiste el respaldo evidencial de la ciencia. Este respaldo, lo llamemos como lo llamemos, se ha convertido a nuestros ojos en una relación entre los estímulos y la teoría científica. La teoría consiste en oraciones o, al menos, se expresa mediante ellas; y la lógica conecta unas oraciones con otras. Así pues, lo que necesitamos es  encontrar oraciones, directa y firmemente asociadas con nuestros estímulos, que actúen como eslabones iniciales de esas cadenas que conectan estímulos y teoría. Cada una de tales oraciones tendría que estar asociada afirmativamente con cierta gama de estímulos del sujeto y negativamente con otra. Además,  cada vez que se diera un estímulo perteneciente a la gama adecuada, la oración debería provocar el  asentimiento o el disenso inmediato del sujeto, sin necesidad de indagación posterior y con independencia de lo que el individuo estuviera haciendo en ese momento. Una exigencia adicional  es la de  intersubjetividad:  a diferencia  de  lo que ocurre cuando  informamos acerca de sentimientos,  la oración debe suscitar el mismo veredicto en todos los testigos de la situación que sean lingüísticamente competentes.

A estas oraciones las llamo oraciones observacionales.  Ejemplos de ellas son 'llueve', 'esta refrescando', 'eso es un conejo'. A diferencia de 'los hombres son mortales', son oraciones ocasionales, esto es, oraciones que son verdaderas en  ciertas ocasiones falsas en otras. A veces llueve; a veces no. Dicho brevemente,  una oración observacional es una oración ocasional que suscita el acuerdo inmediato de los hablantes de una lengua cuando estos son testigos de la situación correspondiente. Volveré sobre este punto en el ᶘ. 15.

La observacionalidad tiene límites imprecisos, pues la disposición de un individuo a asentir puede darse en grados diversos.  Es posible que un individuo se quede, para su sorpresa, indeciso  ante una oración como 'eso es un cisne', tenida hasta entonces por observacional, al encontrarse  con un espécimen negro. Quizás le sea preciso recurrir entonces a una convención que especifique su forma de  usarla en  el futuro. No estará de más, por tanto, que nos recordemos de vez en cuando a nosotros mismos lo difícil que resulta someter la conducta humana a esquemas simplificadores; pero, mientras tanto, ganamos en claridad trazando fronteras imaginarias.

El conjunto de estímulos que un hablante asocia, afirmativa o negativamente, con una oración observacional es lo que denomino la gama de  estímulos, afirmativa o negativa, de esa oración para ese hablante. Todo estímulo es, de acuerdo con mi definición, global: es el conjunto de todos los receptores sensoriales activados, y no sólo de aquellos que da lugar a algún tipo de conducta. De ahí que, si  bien los estímulos incluidos en  una determinada gama diferirán radicalmente entre sí en lo tocante a aquellos receptores activados sin repercusiones para la conducta, los núcleos efectivos de dichos estímulos tenderán sin embargo a parecerse en algún punto, de acuerdo con  la apreciación del sujeto; ** se parecerán, en concreto, en que dan lugar a conductas parecidas.
**De ahí que sean perceptiva y no receptivamente similares. Véase Roots of Reference, pp. 16-18

Una oración observacional puede constar de un único nombre o adjetivo, visto en este caso como una oración; así, 'lluvia', 'frío' o 'conejo', en lugar de 'llueve', 'hace frío', 'es un conejo'. Las oraciones observacionales pueden  ser combinadas para formar nuevas oraciones observacionales, utilizando  simplemente, por ejemplo, la conjunción, como en 'el sol sale y los pájaros cantan'. También podemos combinarlas mediante la predicación; es el caso de 'este guijarro es azul', que resulta de combinar 'mira, un guijarro' y 'mira, azul'. Una forma equivalente y simple de combinarlas es 'guijarro azul'; ambas combinaciones están asociadas a la misma gama de estímulos. Pero ninguna de ellas es equivalente a la mera conjunción 'mira, un guijarro, y mira azul'. Están conectadas de un modo más rígido.  Para que la conjunción se logre basta con que la estimulación nos muestre que cada una de las oraciones observacionales que la componen se materializa en alguna región de la escena ̣-quizás un guijarro blanco por aquí, una flor azul por allá. Pero la predicación sitúa las dos materializaciones sobre la misma región de la escena, exigiéndoles que coincidan o, al menos que se solapen ampliamente. El azul debe recubrir el  guijarro por completo. No importa si salpica también otras regiones de  la escena, pues la construcción no es simétrica.

Nuestro estudio de las oraciones observacionales estuvo motivado por nuestro interés en investigar las relaciones entre observación y teoría. La oración observacional es el medio del cual nos valemos para expresar verbalmente la predicción que nos permite comprobar la validez de la teoría. La exigencia adicional de que la oración observacional dé lugar a un veredicto inmediato la convierte en el criterio último de control en la ciencia. El requisito de la intersubjetividad, por su parte, es el que hace de la ciencia algo objetivo.

Podríamos decir, pues, que las oraciones observacionales son los vehículos de la evidencia científica -aunque al decir tal cosa no estamos aventurando definición alguna de 'evidencia'. Pero también son nuestro punto de  partida en el aprendizaje del lenguaje. Las primeras piezas de  lenguaje cognoscitivo que el niño adquiere son oraciones observacionales rudimentarias, incluyendo oraciones observacionales de una sola palabra, como 'mamá', 'leche', y otras parecidas. Estas oraciones son asociadas a estímulos mediante el condicionamiento de las respuestas. El que estén directamente asociadas con estímulos es esencial para que el niño pueda adquirirlas sin necesidad de un conocimiento previo de la lengua, mientras que el requisito de la intersubjetividad e imprescindible para que le sea posible aprender las expresiones usadas por otros hablantes en situaciones compartidas.

No es extraño que las oraciones observacionales realicen a la  vez ambas funciones --la de vehículos de la evidencia científica y la de punto de partida de nuestra introducción en el lenguaje. Al fin y al cabo, las oraciones observacionales son el vínculo que une el lenguaje, científico o no,  con ese mundo real del cual el lenguaje se ocupa.

Mi definición de oraciones observacionales nos lleva a admitir como tales muchas más que aquellas utilizadas por el niño como punto de partida de su introducción en el lenguaje. Muchas de estas oraciones, en efecto, no son aprendidas por simple condicionamiento o por imitación, sino que se construyen posteriormente a partir de un vocabulario considerablemente refinado. El requisito de la correspondencia con gamas de estímulos sigue cumpliéndose en todos los casos. Qué oraciones se han aprendido directamente a través de condicionamiento, y a cuáles indirectamente mediante el uso de un nivel  superior de lenguaje,  es algo que variará con las personas. Pero los dos requisitos citados, intersubjetividad y correspondencia con los estímulos, no garantizan que cualquier oración observacional podría haber sido aprendida de modo directo. Escuchamos a los hablantes de nuestra comunidad asentir a la oración y disentir de ella  únicamente en aquellas ocasiones en que recibimos unos determinados estímulos, y nos sumamos a su forma de proceder.

¿Cargadas de teoría?

Yo soy el creador de la definición de oración observacional que estamos utilizando, pero no de la expresión correspondiente. Los filósofos se han ocupado desde antiguo, cada uno a  su manera, de lo que ha venido conociendo como términos u oraciones observacionales. Pero en nuestros días se ha puesto de moda poner en duda nociones como éstas y sostener que lo pretendidamente observacional está  cargado de  teoría en grados diversos. Se suele afirmar que cuando  los científicos organizan y  comprueban sus propios  datos o los de otro no perseveran en su tarea más allá de lo requerido para asegurar el acuerdo entre los testigos versados en la materia; pues todos ellos son personas razonables. Oraciones como 'la mezcla está a 180 ºC y 'hay un escape de sulfuro de hidrógeno' son suficientemente observacionales para cualquiera de ellos, y hasta informes más esotéricos lo son para algunos. Admito que la noción práctica de observación es relativa a esta o aquella comunidad restringida, y no a la comunidad de hablantes en  su conjunto. Diremos, pues, de una cierta oración que es observacional para una comunidad cuando se trata de una oración ocasional que suscita el acuerdo sin reservas de quienes se hallan presentes en la ocasión pertinente.

Con fines filosóficos, sin embargo, podemos seguir un poco más allá en nuestra búsqueda hasta dar con un criterio único que valga para la comunidad de hablantes en su conjunto. En este nuevo sentido, será observable todo aquello acerca de lo cual cualquier testigo se pronunciaría sobre la marcha obedeciendo únicamente los dictados del lenguaje y de sus cinco sentidos. Si los científicos insistieran malévolamente en exigir más evidencia de la necesaria para el logro del consenso, estaríamos en condiciones, en la mayoría de los casos, de reducir sus observables a  los de la comunidad global de hablantes. Sólo unos pocos observables --el color, imposible de describir, de un gas raro, por ejemplo-- se resistirían a la reducción.

Ahora bien: ¿qué tiene que ver todo esto con el hecho de una oración esté cargada o libre de teoría? Mi definición permite distinguir las oraciones observacionales de las demás (tanto si estamos pensando en comunidades específicas o en la comunidad amplia sin hacer referencia alguna a su supuesta carencia de teoría. Hay un sentido, como veremos enseguida, en el cual todas están cargadas de teoría; y hay asimismo un sentido en el cual ninguna de ellas, ni siquiera la más especializada, lo está.

Consideremos en primer lugar aquellas oraciones que nos sirven como punto de partida en las primeras fases del aprendizaje de nuestra lengua. Cada una de ellas está asociada como un todo, mediante condicionamiento, a las gamas de estímulos adecuadas. Las palabras que las componen están ahí como si fueran meras sílabas, libres de teoría. Pero esas palabras volverán a aparecer, con el tiempo, en contextos teóricos. Precisamente el hecho de que las oraciones observacionales y las teóricas compartan de esta forma las palabras hace posible es establecimiento de conexiones lógicas entre ambos tipos de  oraciones y hace de la observación algo relevante para la teoría científica. Estas inocentes oraciones observacionales están ciertamente cargadas de teoría si las miramos retrospectivamente. Una oración observacional cuya palabra  más técnica sea 'agua' entrará en  el mismo saco que oraciones observacionales que incluyen términos  tan técnicos como 'H2O'. Vista holofrásticamente, esto es, ligada mediante condicionamiento a determinadas situaciones estimulativas, la oración está libre de teoría; vista analíticamente, palabra por palabra, la oración está cargada teóricamente. En tanto en cuanto las oraciones observacionales son de algún modo relevantes para la ciencia, al dotarla de evidencia y de un procedimiento de contrastación, es inevitable que dichas oraciones se carguen retrospectivamente de teoría, al tiempo que desde un punto de vista holofrástico se conservan inmaculadamente libres de ella. Impugnar retrospectivamente la observacionalidad de estas oraciones sería cometer lo que Firth (p. 100) bautizó como la falacia de la retroproyección conceptual.

Las oraciones observacionales más esotéricas, incluyendo las utilizadas por las comunidades científicas especializadas, ofrecen asimismo estas dos caras, a pesar de que habitualmente habrán sido aprendidas a partir de sus términos componentes y no mediante condicionamiento directo. Lo que las hace acreedoras al título de oraciones observacionales es, también en  este caso,  su asociación holofrástica con gamas fijas de estimulación sensorial,  independientemente de cómo haya sido adquirida esa asociación. Tomadas holofrásticamente, siguen estando a todos los efectos libres de teoría, como les ocurre a las oraciones que C. I. Lewis (p. 179) llama «expresivas»; pero vistas retrospectivamente -palabra por palabra- las mismísimas oraciones resultan estar cargadas de teoría, igual que las oraciones «objetivas» de ese autor.

Cuando la epistemología andaba a vueltas con el giro lingüístico, se dejó de hablar de objetos observables para pasar a hablar de términos de observación. Esta fue una buena maniobra, pero no lo bastante buena. La distinción entre las oraciones observacionales y las teóricas se llevaba a cabo entonces sólo de forma derivada: se consideraban observacionales aquellas oraciones que contenían términos de observación y excluían términos cargados de teoría. Como consecuencia de este planteamiento Reichenbach y otros sintieron la necesidad de buscar «principios puente» que conectaran los dos tipos de oraciones. Ahora estamos viendo que no se necesita ningún puente, y que la metáfora del puente no es la correcta. Al comenzar, como hemos hecho, con oraciones mejor que con términos no encontramos problemático que ambos tipos de oraciones compartan vocabulario; y es precisamente el vocabulario compartido lo que las vincula.

Comenzar con oraciones ofrece una ventaja adicional: no libra de tener que recurrir, en el momento de definir las oraciones observacionales, a la distinción entre lo que está libre y lo que está cargado de teoría. Y, por último, esta maniobra nos reporta un tercer beneficio, consistente en la posibilidad de investigar la adquisición y uso de las oraciones observacionales sin prejuzgar a que objetos hacen referencia -si es que hacen referencia a alguno- las palabras que forman parte de ellas. De este modo tenemos las manos libres para especular acerca de la naturaleza de la reificación y su utilidad para la teoría científica -un tema a estudiar en el capítulo 2. Adoptar como punto de partida los términos hubiera significado introducir artificiosamente la reificación y dar por sentada antes de tiempo la existencia de referencia a objetos, sin tener en  cuenta para qué se utiliza o qué ha de tener por tal.


- Parte 1 - Parte 2 -


Ref. Libro Pursuit Of Truth "La Búsqueda de la Verdad"
1990, Harvard University Press, Cambridge, Mass
por Willard Van Orman Quine
Imagen: "La muerte de Sócrates", por Jacques-Louis David, 1787. Wikipedia.
Imagen de W.V. Quine en portada del libre indicado

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