Popular Posts

domingo, 9 de abril de 2017

Corrientes de pensamiento respecto al electromagnetismo

* * * *
Mucho antes de la era espacial, las teorías de un cuarto estado 'radiante' de la materia y las explicaciones electromagnéticas de la aurora polar, la luz zodiacal, los cometas, el sol y, de hecho, todo el universo, circulaban y se discutían amplia y abiertamente. Cuando las sondas espaciales comenzaron a transmitir las mediciones in situ, la naturaleza eléctrica de la aurora, tal como argumenta Kristian Birkeland y muchos otros, era defendida sin fisuras. Sin embargo, curiosamente, los precursores intelectuales de la teoría del universo de plasma, con su énfasis en el predominio de una fuerza electromagnética de muchos órdenes de magnitud, se encontraron con un destino muy diferente.

Helena Petrovna Blavatsky (London, 1889) y Sir William Crookes. Cortesía U.S. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland.
Las muchas especulaciones iniciales referentes a los aspectos eléctricos de la luz zodiacal, los cometas, los planetas y las estrellas, nunca fueron falsados, sin embargo se convirtieron en un anatema para la corriente principal astronómica y astrofísica en el período entre 1890 y 1915. En esa época, la discusión sobre el electromagnetismo en el espacio, fuera de la magnetosfera terrestre, se convirtieron prácticamente en algo prohibido, un tabú que sólo en la actualidad está empezando a desintegrarse, tras un siglo de miopía de “edad oscura” y de un progreso limitado en la teoría astronómica. ¿Qué factores psicosociales fueron responsables de esta estigmatización? La respuesta definitiva a esta pregunta aún no está disponible, pero hay cinco factores que pueden ponderarse.

En primer lugar, la desaparición de las investigaciones del electromagnetismo en el espacio a finales del siglo XIX fue probablemente acelerado por su asociación arraigada con lo paranormal. El equivalente al ‘fin de siglo’ del pensamiento crédulo y acrítico de la 'New Age' eran abundante y pudo haber echado a perder el campo de estudio para los investigadores serios. La creencia popular muy extendida del "magnetismo animal", ‘fluidos vitales’ y del ectoplasma, así como las fantasías barajadas en la obra teosófica de la ocultista rusa Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), publicados entre 1877 y 1892, pudieron tener ese efecto de repulsión visceral similar a los que científicos modernos experimentan con la exposición a los escritos de la Nueva Era sobre curaciones por 'vibraciones' y 'energías' y la supuesta explotación de los efectos cuánticos.

La defensa de Blavatsky de un universo gobernado por el electromagnetismo, no por la gravedad, puede muy bien haber sido perjudicial para la causa, simplemente debido a la imaginería de su otros trabajos. El gran experimentador eléctrico inglés, Sir William Crookes (1832-1919), estuvo muy involucrado en las sesiones de espiritismo, suscrito a la Sociedad Teosófica y fue presidente de la Sociedad para la Investigación Psíquica, durante la década de 1890 y del Ghost Club desde 1907 hasta 1912, y sin darse cuenta pudieron tener un efecto dilatador sobre el estudio de la "materia radiante" y la solución que esperaba de una promesa de "los más grandes problemas científicos del futuro". Lo mismo ocurrió con su compatriota Sir Oliver Joseph Lodge (1851-1940) , que dedicó gran parte de su carrera al estudio del electromagnetismo, pero también estudió con gran ardor  la ‘vida después de la muerte’ y los fenómenos psíquicos, así mismo se incorporó al Ghost Club y fue presidente de la Sociedad para la Investigación Psíquica en 1901-1903, y de nuevo en 1932. Al no haber ningún juicio previo sobre la búsqueda de la espiritualidad en sí misma, uno sospecha que la forma en que a veces se llevó a cabo, o que el creciente prejuicio materialista podría haber bastado para que algunos condenaran por completo, y de paso desacreditar las teorías electromagnéticas especulativas.

En segundo lugar, el incremento de la mecánica cuántica a principios del siglo XX, la participación de nombres tan conocidos como Max Planck, Niels Bohr, Werner Heisenberg y Albert Einstein, puede haber desviado la atención de los estudios electromagnéticos. La capacidad de atención de los científicos ha de ser finita, y quizás los temas más tradicionales de la electricidad y el magnetismo, simplemente perdieron su atractivo cuando la física cuántica entró en escena, en especial después de la triunfal entrada de Einstein.

En tercer lugar, el siglo XIX vio un resurgimiento del pensamiento uniformista en la geología, la biología y la paleontología, produciendo su expansión secundaria en la astronomía y la antropología. Mientras que la gravedad natural actúa como una fuerza estable y altamente predecible, la casi insondable complejidad del comportamiento del plasma se acomoda mejor en una mentalidad catastrofista. Los filósofos naturales que estaban dispuestos a especular sobre los impactos de cometas, los cambios en las órbitas planetarias o el equilibrio puntuado de la evolución estaban mejor preparados para un régimen no lineal y caótico, tan común en el plasma energético o en la volatilidad de las eyecciones de masa coronal, la magnetosfera planetaria, los cometas y las llamaradas estelares. Para quienes creían en la “natura no facit saltus” (la naturaleza no procede a saltos), los caprichos aparentemente intrínsecos de los sistemas electromagnéticos —difícil de domar con las matemáticas—, pudo haber sido una píldora difícil de tragar, y parecía mejor enterrarlo rápidamente bajo el sedimento libre de fósiles de la ortodoxia dogmática.

En cuarto lugar, en tanto que las teorías electromagnéticas de Birkeland se asentaban sobre la base empírica de la observación práctica y la experimentación, el siglo XIX dio paso gradualmente a una marcada preferencia de la teoría sobre la práctica, de los cálculos matemáticos sobre las observaciones directas. Este desarrollo pudo haber sido el acompañamiento perfecto para la reactivación del uniformismo, con el que comparte una aversión a los raros eventos extremos que son tan difíciles de localizar en los registros observacionales, de replicar o de modelizar matemáticamente. Las semillas para el cambio bien podrían haber sido sembradas en 1838, cuando el matemático y físico alemán Johann Carl Friedrich Gauss (1777-1855) modeló matemáticamente el campo magnético de la Tierra mediante armónicos esféricos, aunque, en palabras del historiador de ciencia, Gillian Turner, "parecía curiosamente desinteresado" en "lo que realmente causaba ese magnetismo":

"Está en el corazón de un matemático, estaba más motivado por la descripción analítica que ofrecen los nuevos métodos matemáticos que por la necesidad de una explicación física del fenómeno ... Curiosamente, casi veinte años después del descubrimiento de Ørsted, de que un campo magnético puede ser el resultado de una corriente eléctrica, Gauss siguió pegado firmemente a la idea de un magnetismo permanente."
Una actitud similar se demostró en 1860, cuando no se le concedió la vacante al cargo de director del observatorio de Cambridge a Richard Carrington (1826-1875), un observador de talento y experiencia, para dárselo a John Couch Adams (1819-1892), que resolvió los problemas astronómicos utilizando sólo las matemáticas. Este amor sin tapujos hacia la derivación matemática, sin rumbo fijo, ha caracterizado a la astrofísica desde entonces. En 1892, el físico y matemático irlandés Lord Kelvin (1824-1907) —el mismo que en 1900 arrogantemente anunció que "en la física ahora no hay nada nuevo por descubrir"—, rechazó las evidencias de Carrington respecto a una relación entre las manchas solares y auroras en base a su delgadez matemática. Y el matemático y geofísico inglés Sydney Chapman (1888-1970) que se  negó a observar la réplica de Alfvén del experimento terrella de Birkeland cuando se le dio la oportunidad de hacerlo. Tal como Alfvén refleja:
" ... Él se negó rotundamente a bajar al sótano y verlo ... ¡ Eso estaba por debajo de su dignidad como matemático, el hecho de mirar los aparatos de un laboratorio !"
Nikola Tesla (1856-1943) diagnosticó astutamente el problema en 1934:
"Los científicos de hoy piensan profundamente en lugar de claramente. Para pensar claramente uno debe estar sano, pero se puede pensar profundamente y estar muy enfermo. Los científicos de hoy han sustituido los experimentos por las matemáticas, y vagan de ecuación en ecuación, y finalmente, construyen una estructura que no tiene relación con la realidad."
Por último, la tendencia a calificar los modelos de forma superior a los datos puede haber sido reforzada por el gran efecto de la devastadora Primera Guerra Mundial (1914-1918) en la psicología colectiva. De la forma más general, este efecto conllevó a una retirada de la observación precisa y detallada de la realidad, a menudo caprichosa, por la relativa seguridad de la abstracción y la distorsión.

En el arte, esta tendencia se observa en movimientos como el modernismo, expresionismo, dadaísmo, surrealismo, futurismo, el cubismo y la Bauhaus, continuando después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) por los gustos del art pop, el minimalismo y expresionalismo abstracto, todos los cuales compartían un desprecio agresivo por la pintura naturalista, la escultura o la escritura. Mientras que la influencia de las guerras sobre el arte es ampliamente discutida y reconocida, tal vez el trauma haya afectado a la ciencia por igual, el fomento de un escape de los hechos comprobables, junto a un abrazo del mundo amigable y mágico de los números y las entidades no observables, un mundo en el que la regularidad, la previsibilidad y la uniformidad podían ser postulados con impunidad y cualquier forma de destrucción a gran escala, simplemente negada. Por tanto, los grandes conflictos militares del siglo XX parecen haber motivado un refugio para salvaguardarse de la observación de los hechos hacia una abstracción sin trabas y unas matemáticas entre científicas y artísticas.

Tal vez ha llegado el momento de volver a examinar el potencial de las cosmología electromagnética y transformarla en el pensamiento actual.

###################
Traducido por Pedro Donaire
Ref.: ThunderBolts.info, por Rens van der Sluijs, 
"Currents of Thought", 1 de enero 2014
- Imagen: Helena Petrovna Blavatsky (London, 1889) y Sir William Crookes. Cortesía U.S. National Library of Medicine, Bethesda, Maryland.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deshabilitado los comentarios. Contacto y comentarios en las redes sociales.

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.