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domingo, 14 de mayo de 2017

El cerebro y los prejuicios

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Una cristalina descripción de cuán obstinados pueden llegar a ser los sesgos mentales, y tal vez Albert Einstein habría estado de acuerdo con ello, dado que es el supuesto autor del proverbio que se le atribuye: “Es más difícil romper un prejuicio que un átomo”. Pero, irónica y paradójicamente, detrás de esto se oculta un sesgo. Lo más probable es que Einstein nunca dijera esa frase. Sin embargo, ¿por qué tantas personas aparentemente creen que sí?

Preparación de una grabación de EEG. | Crédito: Universidad de Berna / Adrian Moser.
Los sesgos son una trampa frecuente para la mente humana. Nos apegamos a nuestra visión del mundo y a los estereotipos a cualquier precio, ya sea por un habitual mal uso o haciendo caso omiso de la evidencia más racional. Los prejuicios son tan extraordinariamente rígidos, que cabría esperar que tuviesen una contraparte sólida dentro del cerebro. ¿Es este el caso? ¿Hay procesos mentales dedicados a ellos, o un centro cerebral para los sesgos?

Investigadores de las universidades de Berna, Basilea (Suiza) y Friburgo (Alemania) se hicieron recientemente estas preguntas. Encontraron que, a pesar de la prevalencia generalizada de los sesgos, no hay nada cualitativamente diferente en la forma en que el cerebro procesa típicamente las creencias sesgadas. Por ejemplo: ¿Qué piensan los aficionados de un equipo de fútbol acerca de los atributos de un competidor? Cuando se cae en juicios sesgados, el cerebro sólo necesita más tiempo para las mismas tareas.

En cierto sentido, los prejuicios y los sesgos no nos permiten pensar con claridad. Perdemos oportunidades en situaciones novedosas que nos evocan recuerdos desagradables del pasado. Es difícil de aprender algo positivo acerca de lo que ya estamos previamente convencidos de saber que es malo o extraño. De esta misma forma, sucede cuando los aficionados al fútbol hacen en laboratorio el Test de Asociación Implícita.

Imaginemos al sujeto ficticio de un experimento. Juan Pérez, de 45 años, aficionado del Real Madrid CF desde 1981, cuando su padre le regaló ser socio para su 10° cumpleaños. Juan sentado frente a la pantalla de ordenador -que muestra un palabra cada vez- y un teclado mínimo con sólo dos botones. Se le pide que clasifique las palabras según su valencia y afiliación. Cuando una palabra se relaciona con su equipo de fútbol favorito o con algo positivo se debe presionar el botón izquierdo. De otro modo, el otro botón.

Cuando aparecen las palabras “Cristiano”, “Bernabeu” o “felicidad” en la pantalla, Juan sólo necesita un tiempo bastante corto (alrededor de 730 milisegundos) para pulsar el botón correspondiente, demostrando así una fácil y robusta capacidad para relacionar ideas positivas con las palabras del propio grupo. Y la asociación contrario también se hace cierta. Su respuesta es idénticamente rápida cuando las palabras que se muestran corresponden a atributos negativos a su eterno contendiente. Esto no es nada sorprendente, hablando en términos de fútbol.

En el siguiente, a Juan se le pidió cambiar la regla de clasificación. Simplemente, apretar el mismo botón para relacionar “Cristiano” y “fracaso”, para él es una tortura mental, sólo superado por la épica aún más difícil de encajar de atribuir “amor” a “Messi”. En consecuencia, la respuesta de Juan ahora toma 850 milisegundos de promedio –130 más que antes–, revelando un sesgo en contra de hacer asociaciones positivas externas a su grupo (comparado con el más ‘simple’ positivo-dentro-grupo o negativo-fuera-grupo).

Eso podría ser una ley del juego, pero los científicos descubren en este efecto (lo que sucede a los diversos aficionados de  equipos de fútbol y también de las ideologías políticas), un fenómeno robusto y una gran oportunidad para explorar los mecanismos neuronales que subyacen a los sesgos mentales humanos.

Los investigadores utilizaron decenas de electroencefalograma (EEG), con parches colocados en las cabezas de los sujetos para ver sus microestados cerebrales, mientras hacían las tareas de clasificación de palabras, y eso nos revelaba unos patrones de actividad cerebral y sus recíprocas interacciones durante juicios sesgados.

Los investigadores encontraron la misma secuencia de microestados cerebrales cuando los sujetos clasifican, ya sea positiva o negativamente, en palabras de dentro-grupo y de fuera-grupo. De este modo, el cerebro exhibe hasta siete microestados durante todas las asociaciones dadas. A su vez, cada microestado cerebral subraya una etapa específica durante la tarea, desde el inicio de la percepción de estímulos (ver palabra en pantalla), realizar luego el juicio y, finalmente, ejecutar una respuesta motora (pulsar un botón u otro). En general, los patrones de actividad de los cerebros sesgados y los no sesgados son en gran parte, indistinguibles, es lo que encontraron los investigadores.

Sin embargo, dos de los siete microestados cerebrales son ligeramente diferentes durante el sesgo fuera-grupo. En un estado anterior, el cerebro se queda atascado exhibiendo una precaución mayor que retrasa el procesamiento perceptual. Las firmas cerebrales de este estado son de una mayor activación del Giro Lingual y otras áreas visuales relacionadas.

En un estado posterior, los centros de actividad de la corteza cingulada media y el lóbulo parietal posterior conduce a una mayor carga cognitiva sobre la decisión motora que está haciendo, retrasando así la terminación de las tareas. Es importante destacar que en ambos estados, las diferencias no son cualitativas. Las firmas neuronales son idénticas. Estos estados solamente duraron un poquito más.

Lo que descubrieron, por tanto, los investigadores, sugiere que los sesgos y prejuicios no tienen ningún lugar de privilegio o estatus dentro del cerebro. Incluso a pesar de esa casi nuclear firmeza de los prejuicios o de si los átomos sean o no más difíciles de descifrar.


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Traducido/editado por Pedro Donaire
Ref. MappaingIgnorance.org, 7 marzo 2016
“The brain on prejudice”, por José Viosca
Publicación: Schiller, B. et al (2016): Clocking the social mind by identifying mental processes in the IAT with electrical neuroimaging. PNAS. DOI: 10.1073/pnas.1515828113.

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