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viernes, 8 de abril de 2016

Citas de Emil Cioran

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Emil M. Cioran (1911-1995) fue un escritor y filósofo rumano. Su pensamiento puede encuadrarse en un nihilismo existencial, con una visión trágica y desesperanzada de la vida y la sociedad. Su escritura denota un gran bagaje cultural y profundidad de pensamiento, además de un estilo de gran riqueza y atractivo conjugado con su pensamiento aforístico. Sin embargo, sólo es recomendable su lectura para personas bien formadas, a riesgo de poder terminar con una galopante depresión.

De "Breviario de podredumbre", Emil M. Cioran

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas. Idólatras por instinto, convertimos en incondicionados los objetos de nuestros sueños y de nuestros intereses. La historia no es más que un desfile de falsos Absolutos, una sucesión de templos elevados a pretextos, un envilecimiento del espíritu ante lo Improbable. Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo. Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si se rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo.
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Toda fe ejerce una forma de terror, tanto más temible cuanto que los 'puros' son sus agentes.
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En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo.
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La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y de conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría.
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Si todos los que hemos matado con el pensamiento desparecieran de verdad, la tierra no tendría ya habitantes. Llevamos en nosotros un verdugo reticente, un criminal irrealizado. Y los que no tienen la audacia de confesarse sus tendencias homicidas, asesinan en sueños, pueblan de cadáveres sus pesadillas.
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No hay verdadera inspiración que no surja de la anomalía de un alma más vasta que el mundo.
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De dónde vengo, no sabría decirlo: en los templos permanezco sin creencia; en las ciudades, sin ardor; junto a mis semejantes, sin curiosidad; sobre la tierra, sin certidumbres. Dadme un deseo preciso y derribaré el mundo. Libradme de esta vergüenza de los actos que me hace interpretar cada mañana la comedia de la resurrección y cada tarde la del entierro; en el intervalo, nada más que este suplicio en el sudario del hastío.
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Las ideologías no fueron inventadas más que para dar un lustre al fondo de barbarie que se mantiene a través de los siglos, para cubrir las inclinaciones asesinas comunes a todos los hombres.
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Ni pacto con la vida, ni pacto con la muerte: habiendo desaprendido a ser, consiento en borrarme.
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Perdéis el tiempo insistiendo. Yo también he mirado hacia el cielo, pero no he visto nada. Renunciad a convencerme: si alguna vez he logrado encontrar a Dios por deducción, nunca lo encontré en mi corazón: y si lo encontrase, no podría seguiros en vuestro camino o en vuestras muecas, aún menos en esos ballets que son vuestros maitines o vuestras completas. Nada supera las delicias del ocio: aunque llegase el fin del mundo, no dejaría yo mi cama a una hora indebida: ¿cómo iba a correr entonces en plena noche a inmolar mi sueño en el altar de lo Incierto? Incluso si la gracia me obnubilase y los éxtasis me estremeciesen sin tregua, unos cuantos sarcasmos bastarían para distraerme. ¡Oh, no, ya veis, temo carcajearme en mis oraciones, y condenarme así más por la fe que por la incredulidad! Ahorradme un aumento de esfuerzo: de todos modos, mis hombros están demasiado cansados para sostener el cielo.
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Descubro en mí tanto mal como en cualquier otro, pero, como execro la acción -madre de todos los vicios-, no soy causa de sufrimientos para nadie.
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Hubiera querido sembrar la Duda hasta en las entrañas del globo, empapar con ella la materia, hacerla reinar donde el espíritu no penetró jamás, y, antes de alcanzar la médula de los seres vivientes, sacudir la quietud de las piedras, introducir en ella la inseguridad y los defectos del corazón. Arquitecto, hubiera construido un templo a la Ruina; predicador, revelado la farsa de la oración; rey, enarbolado el emblema de la rebelión. Como los hombres incuban un secreto deseo de repudiarse, hubiera estimulado en todas partes la infidelidad a uno mismo, hundido a la inocencia en el estupor, multiplicado los traidores a sí mismos, impedido a las multitudes acurrucarse en el pudridero de sus certidumbres.
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Mientras una institución se apoya sobre instintos fuertes, no admite ni enemigos ni heréticos: los degüella, los quema o los encierra. ¡Piras, cadalsos, prisiones!, no es la maldad la que los inventó, es la convicción, cualquier convicción total. ¿Se instaura una creencia? Más pronto o más tarde, la policía garantizará su 'verdad'.
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Siempre caen cabezas allí donde prevalece una idea; pues no puede prevalecer más que a expensas de otras ideas y de las cabezas que las concibieron o defendieron.
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"Del inconveniente de haber nacido", Emil M. Cioran

No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas, lo cual vale más que tratar de llenarlas.
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Sé que mi nacimiento es una casualidad, un accidente risible, y, no obstante, apenas me descuido me comporta como si se tratara de un acontecimiento capital, indispensable para la marcha y el equilibrio del mundo.
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Estoy, por lo general, tan seguro de que todo está desprovisto de consistencia, de fundamento, de justificación, que aquel que osara contradecirme, aunque fuera el hombre que más estimo, me parecería un charlatán o un imbecil.
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Si antaño, frente a un muerto me preguntaba: ¿de qué le sirvió nacer?, hoy me pregunto lo mismo ante cualquiera que este vivo.
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El mismo sentimiento de no pertenencia, de juego inútil, donde quiera que vaya: simulo interesarme por lo que no me importa, me afano por automatismo o por caridad, sin involucrarme jamás, sin estar nunca en ninguna parte. Lo que me atrae está en otro lado, y ese otro lado no sé que es.
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El futuro solo se vuelve temible en cuanto uno no está seguro de poder matarse en el momento deseado.
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Cuando nos comunican un juicio desfavorable sobre nuestra persona, en lugar de enfadarnos deberíamos pensar en todo lo malo que hemos dicho de los demás, y decirnos que es justo que también se hable así de nosotros. La ironía quiere que no exista persona más vulnerable, más susceptible, menos dispuesto a reconocer sus defectos, que el maledicente. Bastaría citarle la mínima parte de lo que se dice sobre él para que pierda el control, se desate y se ahogue en su bilis.
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No mires hacia atrás ni hacia adelante, mira en tí sin temor ni nostalgia. Nadie desciende en si mismo mientras permanezca esclavo del pasado o del futuro.
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El problema de la responsabilidad solo tendría sentido si nos hubiesen consultado antes de nuestro nacimiento y hubiésemos aceptado ser precisamente ese que somos.
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En todo, solo cuentan el principio y el desenlace, el hacer y el deshacer. El camino hacia el ser y el camino fuera del ser, eso es la respiración, el aliento, mientras que el ser como tal no es mas que una asfixia.
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"Ese maldito yo", Emil M. Cioran

No hay que leer para comprender a los demás, sino para comprenderse a si mismo.
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El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
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Intento en vano imaginar el cosmos sin… mi. Afortunadamente, la muerte se apresurará a remediar la insuficiencia de mi imaginación.
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Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo.
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Ser objetivo es la prueba de una perturbación inquietante. Quien dice vivo dice parcial: la objetividad, fenómeno tardío, síntoma alarmante, es el comienzo de la capitulación.
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El mundo comienza y acaba con nosotros. Solo existe en nuestra conciencia, ella lo es todo y ese todo desaparece con ella. Al morir no abandonamos nada. ¿Por qué entonces tantos melindres en torno a un acontecimiento que no es ningún acontecimiento?

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- Imágenes de "Breviario de podredumbre", "Del inconveniente de haber nacido" y "Ese maldito yo", de Emil M. Cioran